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Para escribir mejor

Democracia y universidad

Si quieres… lee

Soledad Siglo XXI: Saramago ha muerto.

Para escribir mejor

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Cómo escribir mejor.Diccionario ideológico, de Julio Casares

¿Cómo escribir mejor? Con herramientas que lo faciliten. Hay un evidente empobrecimiento del idioma de los escritores en español que es muy fácil de comprobar. No me refiero sólo a escritores de ficción, sino también -y sobre todo- a periodistas y blogueros, porque escribir un blog no debe significar lo mismo que escribir mal. Sé que inmediatamente se me alegará que escribir un blog o trabajar en un periódico son tareas para las que no existen ni la pausa ni el detenimiento, pero no me lo creo: nunca hay nada tan urgente que impida sentarse a una mesa y dedicar veinte o treinta minutos a corregirlo.

Cuando tenemos dificultades para caminar por la senda del idioma, no queda más remedio que ayudarse con muletas. Afortunadamente para todos, existen los lingüistas. Julio Casares (1877-1964) era uno de ellos. Fue miembro de la Real Academia Española, secretario perpetuo de dicha Institución y autor de una de las herramientas más útiles con que contamos los hispanohablantes: el Diccionario ideológico de la lengua española.

Lo peculiar de esta obra, imprescindible para todo aquel que se dedique a la escritura, es que su perspectiva es onomasiológica, es decir: de la idea a la palabra, a diferencia de los otros diccionarios, cuya perspectiva es semasiológica: de la palabra a la idea. Es una obra concebida para crear mensajes, de ahí su utilidad; el resto de diccionarios está hecho para descifrarlos. Cuando nos hemos enfrentado a la creación de un texto, alguna vez nos ha sucedido que sabíamos lo que queríamos decir, pero no dábamos con la palabra que mejor lo expresaba. El Diccionario ideológico resuelve ese problema.

Insisto: libro muy necesario para escribir mejor, los escritores deben pertrecharse siempre con obras como ésta para desarrollar su tarea. Es una herramienta propia de su oficio.

Jaime Gonzalo Cordero @ Agosto 4, 2010

Democracia y universidad

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Democracia y Universidad, de José Saramago

Democracia y universidad es el “último” libro publicado con la autoría de José Saramago antes de su muerte. En mayo de este año, la Editorial Complutense, de la Universidad del mismo nombre, sacaba a la luz este librito de setenta y seis páginas en el que los editores recogen una conferencia dictada por el escritor portugués el 17 de octubre de 2005 para inaugurar el Foro Complutense 2005-2006. Porque han pasado cinco años desde entonces, escribo entre comillas “último” libro.

José Saramago, con la lucidez que siempre le acompañó y que nos ilumina cada vez que abrimos sus libros, diserta sobre el papel que le corresponde a la universidad en las sociedades occidentales, mal llamadas democráticas, si por democrático se entiende -y parece que así debería ser- un sistema que asegure el gobierno de la mayoría de los débiles o de los pobres. Pero como eso no es así (y vivimos una ocasión histórica de comprobar dónde reside y quién ejerce en la práctica el verdadero poder, que no es el político sino el financiero), debemos interrogarnos cuál es la función que ha de cumplir la universidad en tales circunstancias.

Saramago sostiene que es necesario distinguir entre instrucción y educación, y afirma que los problemas de la Universidad no se solucionarán si antes no arreglamos la educación primaria y la secundaria. Asevera que la universidad no sólo debe ser el lugar donde los estudiantes aprendan la profesión que les dará una identidad social durante los años que dediquen al trabajo, sino también el espacio donde el estudiante se convierta en un ciudadano consciente de serlo.

Se trata de una afinada crítica al sistema político y al conformismo social, en el que, de la mano de Umberto Eco, cabe, incluso, una objeción razonada al concepto de utopía, que tan negativo ha sido para la izquierda.

Finalmente, una pequeña crítica por mi parte al trabajo de la editorial. Publicar un libro o una revista es un trabajo más engorroso y duro de lo que puede parecer a simple vista, quien lo probó lo sabe. Si no hay medios o si estos son escasos, es hasta cierto punto comprensible que la edición quede a una distancia más o menos grande de la perfección, a la que, dicho sea de paso, nunca se llega. Pero cuando hablamos de una Institución reconocida y bien provista de medios, cuyo prestigio cultural es su mayor aval, como es el caso de la Universidad Complutense de Madrid, es más difícil admitir ediciones tan descuidadas como la de este libro de José Saramago. Conviene recordar a la Editorital Complutense que hay muchos profesionales de la corrección a los que recurrir para evitar este tipo de ediciones. Ni la Complutense, ni el nombre de José Saramago merecen esa mácula. Como curiosidad final, en los créditos del libro podemos leer: “Todos los libros editados por Editorial Complutense a partir de enero de 2007 han superado el proceso de evaluación experta”.

Jaime Gonzalo Cordero @ Agosto 3, 2010

Si quieres… lee

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Si quieres...lee, de Juan Domingo Argüelles

Si somos sinceros, quienes tenemos la afición de la lectura hemos mirado alguna vez con desdén a quienes no se acercan nunca a un libro. Es fácil que un lector habitual se crea en posesión de la verdad, de la superioridad intelectual, de la  sabiduría con relación a quienes no leen. También es muy fácil que alberguemos ese convencimiento de que lo que “yo” leo es mejor que lo que leen los otros, sobre todo cuando lo que leen los demás es muy diferente de lo que “yo” leo. Si a alguien le apasiona El Quijote, Rayuela o Cien años de soledad probablemente no quiera saber nada de la última novela de Dan Brown y la rechace con un gesto que deje bien claro que él no lee nunca un libro “comercial”.

Ciertamente, al menos en mi caso, alguna vez que otra a lo largo de mi vida he adoptado ese tipo de pose, pues no se trata más que de eso. Lo reconozco. También es verdad que con el paso del tiempo uno se va haciendo no sé bien si más tolerante o, sencillamente, que a uno le van importando menos las cosas, de modo que hace mucho que no me escandalizo por que alguien lea tal o cual libro…

Sigue en la página 18 del número de julio de 2010 de la revista Escritor de Oficio.

Jaime Gonzalo Cordero @ Julio 13, 2010

Soledad Siglo XXI: Saramago ha muerto.

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Esta es otra forma de soledad.

La nuestra.

Ha muerto José Saramago, uno de los mejores escritores que ha habido nunca.

Descanse en paz.

Jaime Gonzalo Cordero @ Junio 18, 2010

Razones y sinrazones de la revista Escritor de Oficio

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Todos los aficionados a leer libros custodiamos en la memoria y aireamos en la palabra unos pocos de ellos –a veces, tan sólo uno– cuya lectura nos ha dejado una huella tan profunda que nos acompañan ya por siempre, asistiéndonos cuando la ocasión lo requiere, igual que si de buenos amigos se tratase. Como nada malo debe haber en jactarse de lo bueno en esta hora en que lo acostumbrado es, precisamente, todo lo contrario, presumo de contar con un amigo leal, de edad provecta y noble cuna que me enseñó a ver de otro modo el mundo del libro: Misión del bibliotecario es su nombre y José Ortega y Gasset su creador.

En ese libro, el filósofo español advertía de un hecho en el que, hasta aquel momento en que lo leí y por mor del respeto tan reverencial que otorgaba a los libros, no había ni siquiera pensado: el libro, tan necesario para el progreso humano y de cuyos beneficios nadie se atrevería a dudar, se había convertido en un peligro para el hombre. Desde el instante en que la autoría de libros devino seña de prestigio social y su producción un negocio, aumentó la aparición de libros superfluos, malos e innecesarios que, como exuberante vegetación tropical, ocultan los buenos libros y enredan a los lectores. A tenor de lo expuesto por Ortega y Gasset, el sentido común obligaría, pues, a cierta vigilancia del pensamiento que impusiese un criterio atinado sobre la publicación de libros: no todo lo que se escribe merecería pasar como moneda auténtica cuando no lo es.

Empezarán a comprender ahora los reparos que me inquietaron desde el momento en que consideré la idea de publicar una revista sobre libros: si, además de demasiados libros publicados, se crea más letra impresa a propósito de ellos –aunque sea en modo digital, se estará contribuyendo a aumentar el disparate, razón de suficiente peso para hacerme desistir del empeño, lo que me dejó –debo confesarlo– con no poco disgusto y bastante pesadumbre. Y estando un día de tal traza, como delataba mi gesto, acertó a llegar a mi casa un buen amigo, juicioso en sus pareceres, que al verme tan entristecido me preguntó la causa, y no encubriéndosela yo, me dijo que no podía ser cierto que anduviese tan errado –sin hache, matizó para tranquilizarme– que no fuese capaz de considerar las razones que expuso, que fueron estas:

“Me parece, amigo mío, que pronto te ahogas en un vaso de agua, como lo muestran las explicaciones que me has confiado, y que cierras tu mente a una verdad que nadie puede derribar: la de que el libro, por más cabal y acabado que nos parezca, no es sino obra de un hombre o una mujer y, por ello, participa de su misma naturaleza y condición, es decir, que es imperfecto y nunca del todo terminado, a expensas siempre de la lectura de tal o cual lector que, sobremanera en el caso de los libros viejos, será alguien que ni siquiera había nacido cuando su autor lo escribió. El libro es palabra escrita, que no se difumina tan fácilmente como la palabra hablada: por eso nos parece ser eterno, atemporal y estar por encima de las miserias y de las preocupaciones del siglo; pero también es cierto que el libro es, por encima de todo y antes que nada, palabra en el tiempo y que sólo puede ser entendido si se tienen en cuenta las circunstancias que acompañaron a quien lo escribió en el momento concreto de hacerlo. Te digo esto para que juzgues si la reverencia que profesas hacia ese libro de Ortega está del todo fundada en razones. Es cierto que en ese libro se habla ya de problemas que en nuestro tiempo han aumentado en grado, aunque no en esencia, como es el del exceso de libros publicados, y el valor de Misión del bibliotecario radica, si no estoy equivocado, en anticipar con tantos años de adelanto y tanta precisión una realidad que hoy no nos resulta ajena. Pero quizá para nosotros la solución no sea la de filtrar la publicación de libros, como propone Ortega y Gasset, para lo cual no sólo habría que crear tribunales dotados de la autoridad suficiente que sentenciasen cuáles merecerían ver la luz y cuáles no, sino que habría que establecer un criterio con el que se determinase qué se debe entender por un buen libro y qué por uno malo. Porque, estarás de acuerdo conmigo, libros malos siempre los ha habido, antes incluso de que Ortega escribiese el suyo o ¿crees que todos los poetas que surgieron en el Siglo de Oro, por poner un ejemplo, merecen la misma consideración e igual trato que los que se han ganado con su talento Garcilaso, Quevedo, Góngora o Cervantes? No, por cierto. Así que aceptemos lo que siempre ha sido: que ha habido, hay y habrá libros malos o, al menos, que no llegan al grado de los que tenemos por buenos. Y en este punto conviene recordar una máxima que ya sostenía Plinio el Viejo y que me viene al pelo rescatar ahora: que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena, y todavía diré algo más que escribió el autor del Lazarillo de Tormes: «los gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro se pierde por ello, y así vemos cosas tenidas en poco de algunos que de otros no lo son». Por lo tanto, amigo, adelante con esa revista, habla en ella de libros sin miedo de aumentar el ruido y la confusión, porque tus posibles lectores son adultos que no precisan tutores que velen por el signo de sus lecturas y sabrán abandonar tu publicación si en ella no viesen lo que buscan. Pero esta despreocupación no debe ser una coartada para que hables sin norte y a la buena de Dios, porque algún criterio habrás de tener. Si me aceptas un consejo, sé honesto en tus críticas y fiel a tu modo de entender la literatura, sin pretender contentar a todos, porque ten por seguro que, si bien muchos no comulgarán con lo que dices, otros habrá, no te quepa duda, que verán en tus asertos lo que ellos mismos firmarían.”

No me parecieron del todo malas las razones de mi buen amigo y aquí me tienen dispuesto a ofrecerles una publicación en la que hablar de los libros que yo tengo por buenos. Pero como revistas de libros hay ya suficientes para que ustedes tengan ocupado su tiempo, quiero que en algo se diferencie la mía del resto. Por ello, hablaré de libros que son citados o evocados en las páginas de otros de los que habré escrito con anterioridad, creando así un diálogo entre ellos, no en balde con los libros sucede como con las personas: que sabemos de unas por lo que otras nos dicen de ellas. Con ello, pretendo que la revista no sea un mero citar libros sin ninguna conexión entre ellos o entre algunos de ellos.

Por otra parte, mi atención se centrará en libros poco conocidos para el público, aunque no sean novedades, porque el sinsentido en que se ha convertido el negocio editorial condena a la muerte literaria a los libros que tienen dos, tres, cuatro y más años, de modo que no se extrañen si leen reseñas de libros cuyas páginas no huelen ya a tinta fresca. Precisamente por esa razón hablaremos de libreros de viejo y de ocasión, que también existen.

Esta es una revista donde siempre tendrán lugar las pequeñas editoriales y casi nunca las grandes, no porque lo publicado por estas últimas no merezca atención, sino porque ya hay muchos sitios dentro y fuera de Internet donde se atiende a sus catálogos. Y, finalmente, también tendrán un lugar otros escritores, los periodistas, siempre y cuando hayan sabido conservar la esencia de su oficio: la independencia para decir la verdad de lo que sucede.

Que no nos falte a nosotros.

Jaime Gonzalo Cordero @ Junio 13, 2010

Escritor de Oficio será revista mensual

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Escritor de Oficio será revista mensual de literatura a partir del 1 de julio. Me propongo hablar de buena literatura, de pequeñas editoriales, de buenos libreros, de buenos blogueros, de periodistas independientes y de lectores exigentes, es decir: de la literatura invisible pero sólida. Por lo tanto, no mencionaré literatura comercial, cerraré la puerta de esta casa a los monopolios editoriales, a las grandes superficies que venden libros, a los grandes medios de comunicación y no quiero ni oír hablar de lectores perezosos. Esta es la línea editorial de la revista Escritor de Oficio. Si hay algo más que te gustaría encontrar en ella, dilo. Te atiendo.

Jaime Gonzalo Cordero @ Mayo 30, 2010

Presentación de “La contemplación”

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Jaime Gonzalo Cordero @ Mayo 21, 2010

Los enigmas de la calle 11

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©Pedro Antonio Curto

¿Qué es la calle 11? La calle 11 puede ser muchas cosas, pero es ante todo una avenida de tantas que pueblan este mundo del capitalismo global.
Existen muchas miradas en la calle 11, circulaciones en direcciones múltiples, ciudadanos que quisieran ser lo que no son, que son lo que no quisieran ser, que se miran al espejo y esperan contemplar en su reflejo a otro ser. Porque a veces el cuerpo puede convertirse en una cárcel y uno trata de fabricar su otro en una parte que habita ahí afuera. Y mientras tanto alguien contempla el desbarajuste en un rincón, escondido en una de las múltiples colmenas que habitan en la ciudad, escribiendo afanosamente y esperando, pero ¿esperando el qué? No deja de ser un dibujo de lo que es el arte, ese papel en la sombra tras la cual se observa y se fabrica palabra en el tiempo. Es un testigo, pero a la vez es invisible, y cuando su visibilidad aflora, se convierte en alguien extraño, sospechoso incluso, friki que dirían ahora.

Se nos está hablando del ejercicio de mirar, de observar, que es una de las formas en que la vida se ejercita con mayor plenitud. Pero es un ejercicio en desuso, al menos ese observar como un alquimista para descubrir las diferentes capas de lo observado y comprender que todo tiene su magia. Porque existe una educación de la mirada y, según como, ese aprendizaje, esa experiencia, será nuestra visión, nuestra cosmovisión. Así lo dice Edgar Borges: La contemplación como estado de complicidad, de ver la tragedia con los brazos cruzados, de sentarse a observar el dolor con una copa de vino en la mano. En cambio, el otro punto es el de la contemplación de la belleza. Pero ella decía que eso no es fácil en el mundo de la prisa, porque hace falta tiempo y paciencia para contemplar la belleza. Y hace ya bastante tiempo que robaron la calma.”

Es desde esa calma, desde la observación de fino estilista, que nos habla la novela La contemplación con la que el escritor Edgar Borges ganó el I Premio Internacional de Novela Albert Camus. Al igual que ha hecho con anteriores trabajos, nos sumerge en un juego metaliterario, en una serie de laberintos cortazarianos que discurren en torno a la calle 11, pero en que a la vez podemos contemplar el universo que habitamos y el universo que nos habita. Pues quizá la calle 11 es la que está al salir de nuestro portal y el autor nos enseña a ver con otros ojos, con una particular mirada escrutadora. Porque Edgar ha ampliado esos juegos, le ha añadido unos márgenes amplios por los que se puede circular. Así nos encontramos con las dualidades, unas dualidades complejas que se intercambian, no existen ni un mal absoluto, ni un bien absoluto, podemos descubrir los matices y eso es tremendamente enriquecedor en tiempos de simpleza, donde sólo se escoge entre el blanco y el negro. Las dualidades van de hombre a mujer, pero en ese viaje existen muchas estaciones. Porque quizás descubramos que para que exista John Lennon es necesario ese contrapunto llamado Paul McCartney. Porque Borges vuelve a sacar personajes de la vida real, para ficcionalizarlos, trocearlos y hacerlos referentes, pues ese es uno de los componentes de la vida, transitar entre símbolos y metáforas por esa interminable avenida que todos conocemos, pero en la que cada vez tenemos menos tiempo para pasear por ella con tranquilidad. Eso es lo que hace este autor, un largo paseo por las páginas del texto y que las miradas discurran por entre las palabras, frases y personajes. Es posible que no podamos encontrar muchas certidumbres, pues uno tiene la percepción de que el arquitecto de esta novela-río aporta más dudas que certezas, pues al cerrar sus páginas nuestra cabeza se llene de dudas e interrogantes.

Pero sí existe algo seguro, es la invitación al paseo, a la observación, a contemplar el mundo que nos rodea y a contemplarnos nosotros mismos. Pero se trata de mirar de otra forma a como suelen decirnos que lo debemos hacer y eso quizás no sea otra cosa que la búsqueda de la belleza, deleitarse en la mirada, educarse en la contemplación.

Jaime Gonzalo Cordero @ Mayo 21, 2010

Presentación de La contemplación en Gijón

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Mañana jueves, 20 de mayo, a las 19:30 h., será presentada en la librería Casa del Libro de Gijón la última novela de Edgar Borges titulada La contemplaciónpublicada por Grup Lobher. En el acto intervendrán el escritor Pedro Antonio Curto; el autor de la novela, Edgar Borges, y el arriba firmante. Esperamos su presencia y participación.

Jaime Gonzalo Cordero @ Mayo 19, 2010

El corredor nocturno

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El corredor nocturno

La película El corredor nocturno, que hoy nos reseña Pabela tiene su origen en una novela. De nuevo la literatura como origen del cine. Producción hispano-argentina que se ha conocido este año en España. Veamos qué nos dice de ella Pabela.

Jaime Gonzalo Cordero @ Mayo 3, 2010