Soledad Siglo XXI: María Ripoll Cera
La soledad
©María Ripoll Cera
Una red electrónica nos mantiene conectados y acompañados, salvando distancias de todo tipo. Es más fácil que nunca acercarse a los otros. Nos unen opiniones similares, proyectos en común, agradecimientos sinceros.
Compartimos noticias por la mañana, enlaces, debates. A mediodía el ambiente es más relajado, concentramos la atención multitarea en hincar el diente a un bocadillo. Por la tarde nuevos descubrimientos, nos repetimos, quizás, comentamos, mientras los niños llegan del colegio y la canguro les da de merendar.
La conversación de la víspera, hacia última hora, se vuelve abstraída. El cansancio mengua la actividad y es el pensamiento quien impera. Es la hora de la cena, estamos platicando. No importa. Hay sopas variadas en la despensa.
Las noticias en pantalla, reunidos en la mesa, atrapan toda nuestra atención. Los niños nos dan un beso de buenas noches y se van a la cama.
Al anochecer los peculiares colonizan la red. Los que se activan a media tarde y hacen de la noche su reino. Departir con ellos es liberar las neuronas creativas. Ya es tarde. Apago el ordenador y me voy a la cama.
Pere ya duerme. Le habrá ido bien el día.



