Novela argentina: Espejos de dolor, de José Romano

Espejos de dolor, de José Romano

Un correo del otro lado del Atlántico

Hace unas semanas recibí un correo electrónico de una persona que decía haber escrito una novela que, a pesar del poco tiempo transcurrido desde su publicación (noviembre de 2009), parecía tener agotadas ya todas sus posibilidades de difusión. Lo cierto es que comienzo a recibir un número de correos de ese tipo superior al que mi escaso tiempo o mi mala cabeza me permiten gestionar. No obstante, a todos atiendo y pido a sus autores que me envíen el texto en cuestión para, al menos, dar una opinión fundada sobre él y valorar si puedo ayudar a difundirlo. La persona que firmaba el correo se llama José Romano, argentino, de madre y abuelo españoles. La novela de que me hablaba es su opera prima. No tuve que esperar muchos días a tenerla en mis manos. Su título: Espejos de dolor, publicada con el sello de Editorial El Escriba. Co-edición. Escritor novel, es decir: el perfil que tiene cabida por derecho propio en esta página. Para leerla, aún tuve que esperar a desbloquear la lista de espera de algunos textos y compromisos adquiridos con anterioridad. Pero el día llegó. Abrí el libro y comencé a leer:

“Era domingo, corría el otoño de 2006 y hacía ya un rato que Banfield le había ganado de visitante el clásico a Lanús. La noche había caído sobre Buenos Aires y Antonio Ricciardi, reconocido escritor, se encontraba meditando en el escritorio de su casa de Villa Urquiza, en la que vivía desde 1983. Recién acababa de terminar con la lectura de un texto que le habían enviado. Lo había llevado a leerlo la referencia del mail, Sr. Antonio Ricciardi: Novela para ser leída únicamente el día señalado, de V. Múgica, según constaba en la firma.”

En ese párrafo me vi parcialmente reflejado, al menos la situación que estaba viviendo: yo también había recibido un mail y una novela. Pero seguí leyendo y comprobé que era la única coincidencia, el único espejo. El resto de espejos, el resto de la peripecia vivida por Antonio Ricciardi y su familia es muy peculiar, y dolorosa. Ese es uno de los fines de la literatura: permitir conocer experiencias que no se dan en la vida del lector. Es el bagaje que enriquece y la razón por la que la lectura es tan importante.

Nunca más

La historia desarrollada en Espejos de dolor trata las consecuencias de una bomba de efecto retardado, programada hace treinta años, que explota en el ahora de la narración. Los antecedentes están en los crímenes de la dictadura de finales de los setenta. Los hechos que sacudieron la Argentina están recogidos en el monumental Informe Sábato:

Uno de los capítulos más aberrantes es el robo de bebés, cuyos padres fueron torturados y asesinados o hechos desaparecer. Y ése es el episodio que va a desencadenar el drama de esta novela en la que José Romano propondrá una solución de una admirable altura ética. Desconozco cómo se vive en la Argentina, treinta años después, lo vivido durante aquellos años de horror. Aquí en España, la Ley de Memoria Histórica, gracias a la cual muchas personas tienen la ocasión de poder enterrar a sus padres o abuelos asesinados por los golpistas y enterrados en fosas comunes, ha tenido y tiene un importante rechazo por una parte considerable de la sociedad española. (Hablando de España, parte de la novela se desarrolla en el municipio madrileño de Morata de Tajuña. Esa referencia geográfica tiene su explicación en el hecho de que el abuelo de José Romano, Ángel Pérez Zubizarreta, fue alcalde de esa localidad durante la República española. A causa del golpe de Estado de Franco, tanto el abuelo como la madre del autor, M.ª del Pilar Pérez García, tuvieron que exiliarse y sufrir las duras consecuencias de su nueva vida.)

Sea cual sea el modo en que los argentinos acojan esta novela, lo cierto es que lo de menos es que esté situada en un lugar geográfico determinado y en un tiempo histórico concreto, porque Espejos de dolor muestra cómo puede reaccionar el ser humano ante situaciones desgarradoras y dolorosas sin perder la dignidad ni romper su vida. Ese es el gran valor de esta novela.

El Imperio narrativo

Novela, pero que bien podía haber sido desarrollada como una obra de teatro. No es la primera vez que veo este fenómeno: obras literarias que encajan perfectamente en el género dramático, son vestidas con el ropaje narrativo que la realidad editorial casi impone. En Espejos de dolor, el diálogo entre personajes es la parte más importante y extensa del discurso; casi toda la acción discurre en espacios cerrados (interiores de casas); hay elementos claramente teatrales como la anagnórisis; la presencia de una medalla y una fotografía tienen una fuerte carga sígnica y una gran influencia en el reconocimiento de identidades… Pero hoy el teatro no es aceptado por casi ningún editor: es más vendible la narración. Esperemos que esto cambie. Entretanto, una buena solución intermedia puede ser la adaptación de esta novela al cine. Los guionistas y los productores tienen aquí una buena oportunidad. Quizá les interese saber que a José Romano no le ata ningún compromiso con ninguna editorial.

La literatura argentina goza de buena salud. Les recomiendo que se acerquen a esta novela, casi novela dialogada. De lectura fácil, pero de hondo contenido, cuando la lean no podrán evitar pensar en cómo es posible que los seres humanos podamos hacernos tanto daño y cómo, a pesar de ello, es posible reconstruir la vida.

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