3 razones para escribir tu autobiografía

Tal vez sientas que ha llegado el momento de escribir tu autobiografía, es decir, de volver la vista atrás, repasar tu vida y recapitular. La vida es como un libro y puede dividirse en capítulos. Pero por qué escribir tu autobiografía. Aquí tienes tres buenas razones que bullen en tu interior sin que, tal vez, sepas identificarlas:

Dejar huella con tus memorias
Foto de Akshaya Premjith en Pexels

1.     Dejar huella con tus memorias

No quieres aceptar que el olvido borre tu existencia, tu paso por el mundo. Por tus vivencias, por las experiencias que has acumulado, por los sinsabores y las satisfacciones has pagado con tu tiempo de vida, con tu energía vital. No permitas que se pierda ese capital. Al contrario, haz que la historia de tu vida sea parte del patrimonio familiar. Porque si has creado una familia, sus miembros serán los fieles lectores que leerán con avidez el relato de tus anhelos y los episodios de una vida que desconocen.

Tu vida no es ordinaria. Nunca lo ha sido, aunque la rutina y la monotonía hayan gobernado la mayor parte de tu tiempo. Ninguna vida es ordinaria. Descubrir y construir tu mundo; reconstruirlo, incluso, si has sufrido tiempos adversos, no ha sido una tarea ordinaria, sino propia de titanes. Valora lo que has hecho, aprecia que hayas llegado hasta aquí y cuéntalo. Tienes derecho a sentir el orgullo de haber vivido y seguir en pie.

2.     Ser generoso con el pasado

¿Quién no ha cerrado en falso algún episodio de su vida? Quizás porque fue la única manera de seguir adelante. Es posible que aún guardes alguna herida mal cicatrizada que, aún hoy, te duela si la tocas.

Pero ahora, después de tantos años, puedes examinar lo sucedido desde la atalaya de la experiencia adquirida, de la sabiduría que te ha dado la vida. Ahora puedes juzgar sin pasión a aquella persona que fuiste. Esa persona que, siendo la misma, tanto ha cambiado. Tal vez ahora entiendas cosas que en aquel momento no entendiste. Date esa oportunidad de volver a aquellos días y arreglar las cosas, ajustar cuentas contigo mismo, ya sea para confirmar que actuaste correctamente, ya sea para rectificar.

3.     Ser generoso con el futuro

Cuando esperamos un hijo, a menudo imaginamos su cara. “¿Cómo será?”, nos preguntamos ilusionados. Pero también fantaseamos acerca de cómo eran nuestros antepasados desconocidos, esos de los que no tenemos ninguna noticia, ni su nombre siquiera. “¿A cuál de ellos me pareceré?”. Las personas que son sangre de nuestra sangre nos incumben, aunque no conozcamos sus nombres o sus caras. Lo que te sucede a ti, también les sucederá a los nietos de tus nietos. ¿Por qué no ser generoso con las futuras generaciones que llevarán tu apellido, esas que aún no existen pero que existirán?

Háblales de tu vida. Sé un faro que guíe su vivir. Tus memorias pueden ser fuente de inspiración para algunos de ellos. Cuéntales quiénes eran tus padres, quiénes tus abuelos; de dónde vienes tú, para que sepan de dónde vienen ellos. Comparte con ellos tus vivencias, cómo resolviste los problemas que complicaron tu existencia. Puedes ser el espejo que necesiten. Que tu autobiografía sea una sonda espacial que lanzas al futuro para que tus descendientes sepan que en el pasado hubo una vida con su mismo apellido que mereció ser un libro. Entrégales tu vida. De alguna manera, seguirás vivo dentro de cien años.

¿Crees que ha llegado el momento de escribir tu autobiografía? Si es así, descubre cómo escribir el libro de tu vida.

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